Lo primero que hice fue salir de mi casa pensando qué iba a hacer en
Sociales. No me imaginaba el lugar, cómo sería. Digo, no la facultad en
sí, que ya conocía, sino el lugar en el que íbamos a actuar, a leer, a
hacer lo nuestro. Por un lado estaba invitado a leer, por el otro,
sabía que podía armar una performance, que todo daba para el sí.
Mientras preparaba el bolso con algunos libros, cargué, sin saber cómo
utilizaría todo luego, las partecitas de bebé, una cinta de papel,
velas, el mantelito rojo, la cámara para el registro, diez
preservativos que me había dejado el día anterior mi madre sobre la
mesa del comedor de mi casa, un aerosol blanco que no terminé
utilizando y de seguro algunas cosas más que en estos momentos no
recuerdo.
Una vez en EL LUGAR vi a la gente movilizada y ahí me empezó a picar el
bicho. Estaban decorando, cortando papelitos, armando tarjetas
postales, interviniendo las paredes, arreglando los temas de sonido, la
música, pidiendo cables prestados, etc. Recién en este momento sabía
qué y cómo iba a hacer lo mío.
Decidí que iba a intervenir el lugar con unas cruces de cinta de papel
y que esas cintas iban a estar repartidas por toda la escena, desde el
punto más cercano a donde iba a estar yo, hasta el más alejado,
tratando de cubrir todos los espacios y paredes, aunque sea una cruz
por pared, en la escalera, en diferentes alturas, por eso la idea de
poner una en la ventana, a un cierto nivel del suelo, lo mismo con la
cruz que situé en la pared entre los dos ascensores, una al lado de un
tacho de basura en un desnivel, y otra en un pasillo detrás mío. Quise
cubrir todo el espacio. Adelantarme a lo que iba a venir.
Una vez puestas, creadas, las cruces representaban lo raro, lo incómodo
de algo que está y no se sabe más de lo que uno puede ver en el
momento. Una cosa más puesta en el suelo o la pared. El mantel rojo en
el suelo, recubierto de cinta, empezaba a darle unidad a la temática
del bebé y la cinta. Del rojo y de las velas, de los pedacitos de bebé,
la cabeza del bebé, la panzita del bebé, el bebé en persona (YO).
La performance -podría decirse- toma comienzo cuando enciendo las velas
que cubrían el mantel, donde estaban las piezas que iría repartiendo
durante el acting. Comencé recitando el texto que da nombre a la
performance:
Yo tengo un bebé
un bebé en la cabeza
un bebé.
Un bebé en la cabeza.
Acto seguido, a la vista de los presentes, abría un preservativo, lo
mostraba, tomaba del suelo, del mantel rojo, un pedacito de bebé
muerto, de plástico, un bracito, o una pierna, o un torso, y lo
colocaba DENTRO del preservativo, o si era muy grande, lo rodeaba con
el tratando de hacerle un nudo con el preservativo, de que queden
unidos. Si no quedaba dentro, la idea era anudarlos, convertirlos en
una sola cosa, momentáneamente. Luego, elegía una de las cruces
previamente repartidas y hacía ahí me dirigía, a dejar en ese mismo
lugar, el preservativo-pedacito-de-bebé. En las cruces elevadas, se
utilizó la cinta nuevamente para que el preservativo-pedacito-de-bebé
quedé sostenido en el aire como se aprecia en una de las fotos. Otros
los dejé directamente sobre el suelo, y uno sobre la mochila de uno de
los espectadores.
Al colocar un preservativo-pedacito-de-bebé sobre una de las cruces,
volvía hacía el mantel rojo, recitaba nuevamente el texto -siempre el
mismo texto- y repetía la operación ya descripta.
El acting termina con el apagado de las velas.
Sebastián Matías Oliveira
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1 comentario:
me encantó esa performance. afinaba con una idea que tengo en la cabeza.
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