lunes, 22 de diciembre de 2008

Yo tengo un bebé - Sebastián Matías Oliveira (1/3)

Lo primero que hice fue salir de mi casa pensando qué iba a hacer en

Sociales. No me imaginaba el lugar, cómo sería. Digo, no la facultad en

sí, que ya conocía, sino el lugar en el que íbamos a actuar, a leer, a

hacer lo nuestro. Por un lado estaba invitado a leer, por el otro,

sabía que podía armar una performance, que todo daba para el sí.

Mientras preparaba el bolso con algunos libros, cargué, sin saber cómo

utilizaría todo luego, las partecitas de bebé, una cinta de papel,

velas, el mantelito rojo, la cámara para el registro, diez

preservativos que me había dejado el día anterior mi madre sobre la

mesa del comedor de mi casa, un aerosol blanco que no terminé

utilizando y de seguro algunas cosas más que en estos momentos no

recuerdo.

Una vez en EL LUGAR vi a la gente movilizada y ahí me empezó a picar el

bicho. Estaban decorando, cortando papelitos, armando tarjetas

postales, interviniendo las paredes, arreglando los temas de sonido, la

música, pidiendo cables prestados, etc. Recién en este momento sabía

qué y cómo iba a hacer lo mío.

Decidí que iba a intervenir el lugar con unas cruces de cinta de papel

y que esas cintas iban a estar repartidas por toda la escena, desde el

punto más cercano a donde iba a estar yo, hasta el más alejado,

tratando de cubrir todos los espacios y paredes, aunque sea una cruz

por pared, en la escalera, en diferentes alturas, por eso la idea de

poner una en la ventana, a un cierto nivel del suelo, lo mismo con la

cruz que situé en la pared entre los dos ascensores, una al lado de un

tacho de basura en un desnivel, y otra en un pasillo detrás mío. Quise

cubrir todo el espacio. Adelantarme a lo que iba a venir.

Una vez puestas, creadas, las cruces representaban lo raro, lo incómodo

de algo que está y no se sabe más de lo que uno puede ver en el

momento. Una cosa más puesta en el suelo o la pared. El mantel rojo en

el suelo, recubierto de cinta, empezaba a darle unidad a la temática

del bebé y la cinta. Del rojo y de las velas, de los pedacitos de bebé,

la cabeza del bebé, la panzita del bebé, el bebé en persona (YO).

La performance -podría decirse- toma comienzo cuando enciendo las velas

que cubrían el mantel, donde estaban las piezas que iría repartiendo

durante el acting. Comencé recitando el texto que da nombre a la

performance:


Yo tengo un bebé
un bebé en la cabeza
un bebé.

Un bebé en la cabeza.


Acto seguido, a la vista de los presentes, abría un preservativo, lo

mostraba, tomaba del suelo, del mantel rojo, un pedacito de bebé

muerto, de plástico, un bracito, o una pierna, o un torso, y lo

colocaba DENTRO del preservativo, o si era muy grande, lo rodeaba con

el tratando de hacerle un nudo con el preservativo, de que queden

unidos. Si no quedaba dentro, la idea era anudarlos, convertirlos en

una sola cosa, momentáneamente. Luego, elegía una de las cruces

previamente repartidas y hacía ahí me dirigía, a dejar en ese mismo

lugar, el preservativo-pedacito-de-bebé. En las cruces elevadas, se

utilizó la cinta nuevamente para que el preservativo-pedacito-de-bebé

quedé sostenido en el aire como se aprecia en una de las fotos. Otros

los dejé directamente sobre el suelo, y uno sobre la mochila de uno de

los espectadores.

Al colocar un preservativo-pedacito-de-bebé sobre una de las cruces,

volvía hacía el mantel rojo, recitaba nuevamente el texto -siempre el

mismo texto- y repetía la operación ya descripta.

El acting termina con el apagado de las velas.




Sebastián Matías Oliveira

1 comentario:

Amalia Gieschen dijo...

me encantó esa performance. afinaba con una idea que tengo en la cabeza.